lunes, 17 de octubre de 2011

LA MÚSICA!! xD


Investigadores del Centro Médico de la Universidad de Kansas organizaron a 70 adultos sanos de 60 a 83 años en tres grupos: sin entrenamiento en música; de uno a nueve años de lecciones de música, y más de 10 años de experiencia.
Los participantes, que tenían niveles similares de forma física y educación, y no sufrían de alzhéimer, se sometieron a varias pruebas cognitivas. A los que tenían la mayor experiencia musical les fue mejor en las pruebas de agudeza mental, seguidos por los que tenían menos estudios musicales.
En comparación con los que no eran artistas, los sujetos que tenían un alto nivel de esa experiencia en ritmos tuvieron mejores calificaciones en habilidades como memoria visual espacial y capacidad del cerebro para adaptarse a información nueva.
“La actividad musical durante toda la vida podría servir como un ejercicio cognitivo desafiante, haciendo que el cerebro esté en mejor forma y sea más capaz de incorporar los desafíos del envejecimiento”, afirmó Brenda Hanna-Pladdy. La profesional concluyó que estudiar un instrumento requiere de años de práctica y aprendizaje, experiencia que crea conexiones alternativas en el cerebro, las cuales podrían compensar el declive cognitivo en la vejez.
Cómo utilizar la música

Reconociendo en la música un recurso pedagógico que trasciende su función puramente estética o de esparcimiento, es necesario garantizar una serie de criterios previos o coordenadas de acción.

Para empezar, la típica pregunta ¿Qué música empleo para estimular a los niños? no es la prioritaria al momento de iniciar un proceso de intervención pedagógica o terapéutica.

Según el especialista, ante todo es necesario precisar con claridad ¿Qué es lo que se quiere lograr? Luego de formular el Aprendizaje Esperado, se escoge la música o estilo musical más apropiado. Así, por ejemplo, si la conducta que se busca lograr guarda relación, por ejemplo, con una dimensión cognitiva o una mejor concentración en el aula, se pueden privilegiar músicas cuyas melodías sean ejecutadas con instrumentos de cuerdas, como los violines, cuyos estímulos sonoros llegan mejor a determinados niveles de la corteza cerebral cerebrales. “En cambio la percusión se reparte mejor en el resto del cuerpo del niño, por lo que es más indicada para el desarrollo de habilidades motrices gruesas.
Por otro lado, es importante reconocer el tipo de estructura u organización interna de la música a escoger. Si deseamos potenciar la manifestación de habilidades asociadas al lenguaje o al cálculo, podemos encontrar en la música clásica un poderoso aliado pedagógico. La música clásica es un lenguaje sonoro altamente organizado, como la de Mozart por ejemplo, que presenta estímulos sonoros contrastantes en perfecto equilibrio”, dice Contreras.

Otra de las pautas que entrega Egidio Contreras es que cuando el niño entrena su oído para escuchar la música clásica atentamente, puede llegar a comprender su estructura y organización interna (que obviamente es más compleja que la de muchos estilos más modernos), entrenamiento que lo faculta para percibir los estímulos del entorno de manera también más organizada; como por ejemplo, las instrucciones que imparte el profesor en el aula.

“Un oído entrenado en el arte de escuchar concentradamente favorece además el desarrollo de habilidades de retención, memoria y comprensión por parte del niño. Lo anterior tiene un impacto notable no sólo en el logro de una oportuna educación emocional, sino que además, en la adquisición de habilidades cognitivas asociadas directamente con funciones de lectoescritura y cálculo. Finalmente, consideraciones acerca de cuándo emplear la música, por cuanto tiempo y en qué modalidad, son esenciales a la hora de decidir un proceso de estimulación.